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A menos de 100 días

Cuando en la tarde del 11 de Octubre de 2013 Lima fue la ciudad postulante ganadora del
honor de realizar los Juegos Panamericanos 2019 la alegría fue inmensa pero, como en casi todas las cosas que suceden en nuestro país, no se vió más allá: la responsabilidad deportiva que ello conllevaba. Es más, en otras latitudes primero se analiza la realidad (deportiva, económica, social y de infraestructura) del país y en base a ello se decide proponer, o no, la candidatura para organizar un evento deportivo de esta envergadura. Esto no sucedió en el caso de Perú y se asumió un gran reto sin saber hasta donde podríamos responder.

Pero vayamos a lo que nos compete: el voleibol. Como un reflejo de lo dicho en el párrafo
anterior, el voleibol peruano no estaba preparado para recibir tremendo reto que es organizar en forma sobresaliente unos Juegos Panamericanos. Y no me refiero al hecho de ni siquiera contar en ese entonces con un coliseo propio moderno y que cumpliese con los estandares internacionales. No, eso es en el caso nuestro algo secundario. En específico no se puso una meta a alcanzar al organizar estos Juegos Panamericanos.polideportiovo-fotor

Entonces la pregunta es: ¿Qué es lo que buscamos con organizar estos JJPP en el voleibol? Tremendo misterio. ¿Será ganar la siempre esquiva medalla de oro panamericana en el voleibol femenino de piso? ¿Será volver a enganchar con la afición que en el último calendario abandonó a la selección femenina? ¿Será mostrar de una buena vez que el voleibol no es solamente de piso femenino y que los chicos en cancha asi como nuestros atletas en la playa también merecen atención y apoyo?

Si en ese 2013 no se tenía metas y ya era digno de admirarse, ahora a menos de 100 días
seguimos con la misma interrogante y sin respuesta concreta alguna. Una lástima, tomándose en cuenta el glorioso pasado del voleibol peruano. Pero bueno, sigamos.
A menos de 100 días para iniciar NUESTROS (sí, con mayúsculas) Juegos Panamericanos,
no podemos llorar sobre la leche que ya se sabía derramada en el 2013. La planificación no es lo que caracteriza nuestra sociedad y eso se refleja en todos nuestros deportes.

Aquí no es cuestión de responsabilizar al voleibol de algo que cada uno de nosotros peruanos tenemos mal aprendido: la improvisación. Pero no todo es malo, y hay luz de esperanza. Y no me refiero a los increíbles progresos del voleibol playa femenino donde Lisbeth Allca y Alexandra Mendoza con la gran entrenadora brasileña Lucélia Almeida nos han clasificado a un Mundial Sub 21. Tampoco me refiero al nuevo coliseo en el Callao que podría ser una buena casa del voleibol peruano.

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En concreto lo mejor de organizar unos Juegos Panamericanos para el voleibol peruano va a ser que se tome como una oportunidad de oro para promover en los más jóvenes la práctica de este deporte. Tal vez el voleibol femenino de piso no necesite esta “publicidad”, pero es algo que a gritos necesita su rama masculina, que salvo en las finales de la liga de ese género, no conoce lo que es jugar con un coliseo medianamente lleno. Tener un voleibol masculino robusto nos garantiza tener un futuro bueno de dirigentes, técnicos, árbitros e indudablemente esto mueve al femenino como lo es en el resto del mundo. Y no podemos olvidarnos que también aprovechar Lima 2019 para masificar el voleibol de playa nos ayudará a explorar una disciplina que puede darnos más de una alegría en el futuro.

Así se ve en perspectiva general el voleibol mirando a Lima 2019. Ojalá nuestras ganas y
trabajo sean más grandes que la responsabilidad y el reto. ¡Que así sea!

Fotos: Lima 2019

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