Las dos caras del voleibol peruano

Aunque parezca contradictorio luego de haber transcurrido setentaicinco años desde aquel 12 de mayo de 1942 en el que se fundó bajo el liderazgo del Doctor Marcial Ayaipoma hoy en día la Federación Peruana de Voleibol vive el momento  más crítico de su existencia mostrando las dos caras de su moneda: aquella por la que se pretende seguir viviendo de los recuerdos de una época que tuvo su máximo esplendor en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 con la obtención de una medalla de plata que solo sirvió para satisfacer el momento mediático pero sin ninguna visión de futuro y aquel que se vive en estos momentos con una institución en el limbo producto de un proceso electoral irregular y con evidentes  indicios de nulidad  y se debate entre una política  efectista  y mediática de anuncios rimbombantes  de cara al exterior y en medio de una ausencia de respaldo legal por la falta de un Estatuto debidamente inscrito en los Registros Públicos y de un Reglamento evidentemente obsoleto aprobado en el año 1988 y en las antípodas de lo que significa la conducción de un deporte en general y del voleibol en lo especifico  en el mundo moderno de nuestros días.

Inmersa en una estructura orgánica presidencialista obsoleta donde impera la improvisación y la irresponsabilidad y lejos de una gestión corporativa la  FPV a través de sus actuales “directivos” busca cubrir sus falencias  detrás de anuncios como la  organización de eventos internacionales sin mayor relevancia en los que deportivamente no estamos a la altura de las circunstancias, participación en eventos mundiales de categorías  de base solamente para cumplir  con un  mero trámite y el anuncio de convenios de transmisiones televisivas  que admitimos son parte determinante de las reglas de juego en el deporte  moderno en términos de marketing pero para cuya difusión a nivel mediático no es necesario exponer a las deportistas pues lo que se vende es el proyecto al  mediano y largo plazo y la consecución de los objetivos trazados, reiteramos la FPV a sacrificado ya cuatro ciclos olímpicos consecutivos dieciséis años consecutivos que no solo se reflejan en la ausencia de resultados significativos sino en la  virtual pérdida de generaciones sucesivas por una deficiente masificación, una errada captación de talentos y un pésimo proceso  de formación absolutamente alejado de los estándares internacionales de los procesos graduales y progresivos a implementarse en los niveles básicos del sistema: los colegios y los clubes y de la metodología   de perfeccionamiento y  entrenamiento que se puede elevar a 20 años, y que  desde hace unos casi 25 años la FPV trata de invadir mediante sus procesos  de laboratorio argumentando la falta de infraestructura y de volumen ideal de horas de trabajo en los clubes lejos de implementar las políticas y la elaboración de manuales de unidad técnica que sirvan de apoyo a estos últimos para desarrollar un trabajo adecuado y estableciendo la obligatoriedad como requisito de franquicia para acceder a la alta competencia el trabajo de canteras en las categorías Sub 15,  sub18, sub 20 al margen de una  unidad formativa traducida en desarrollar los  niveles de masificación y captación de acuerdo al perfil indispensable para poder  hoy en día jugar al voleibol y posteriormente los procesos de formación y perfeccionamiento que son  básicos para dilucidar las posibilidades de los recursos humanos en virtud de su proyección a la  competencia de alto rendimiento.

Estamos  refiriéndonos al voleibol como  sistema  y como proceso que quede claro y a la entidad que es la que rige el deporte de la referencia y no básicamente a las personas que con  criterios muy discutibles llegan a los niveles de conducción,  aquí no están en juego los nombres sino las ideas en función de tres conceptos irrefutables: conocimiento de causa, respaldo de trayectoria y reservas morales, conceptos éstos  para los que no  se necesitan bachilleratos, maestrías o doctorados sino las vivencias propias de quienes a lo largo de los años recorrieron los diferentes niveles del sistema cosechando una invalorable experiencia, un comportamiento ejemplar y las cualidades natas de liderazgo y  visión.

Sin embargo reiteramos el sistema deportivo en general y el voleibol peruano en lo especifico están hoy sumidos en el entrampe  generado  esencialmente por la existencia de hasta tres normas legales que lo rigen  :las leyes: 28036,29544 y  30474 esto al margen de los Estatutos obsoletos existentes en el sistema federativo y con los vacíos y contradicciones que ello supone. La pregunta a nuestros legisladores es la siguiente: ¿porque no concilian las tres normas en una sola y la convierten en un ordenamiento legal más  promocional y menos reglamentarista y evitando las confrontaciones tanto con los niveles políticos internos como con las entidades que rigen el deporte a nivel internacional?

Como consecuencia de lo antes mencionado hoy la FPV y  desde hace  diecisiete años está sumida en un sistema de relevancia dirigencial pseudo democrático en el que los procesos electorales se manejan desde adentro y poniendo a disposición de la  facción oficialista interesada en mantener su cuota  de poder todo el aparato de la de la FPV  para conseguir sus objetivos incluyendo ponerse al margen de las normas legales vigentes y de sus propios ordenamientos legales.

Hoy la FPV como consecuencia de la situación anterior tiene un Consejo Directivo irregularmente “elegido” en un proceso  de lista única virtualmente impuesto por el propio Comité Electoral y conformado por personas la mayoría de las cuales no reunían los requisitos para postular empezando por la Presidenta como lo prueban las denuncias formuladas ante el Consejo Nacional de Justicia y Honores del IPD por el Colectivo Voleibol  por el Cambio.

Una Presidenta que  cuenta con una irregular inscripción en los Registros Públicos sustentada en una Resolución carente de validez emitida por la Jefatura del IPD en la que inclusive se incurre en un ilícito penal al  afirmar que la “electa” Presidenta cumple con requisitos legales como el de poseer la calificación  de “Deportista Calificada de  Alto Nivel” que no existe en los mismos Registros de la antes mencionada entidad.  Vale entonces la pena señalar que no estamos cuestionando ni la juventud ni la condición de dama de la mencionada “Presidenta” sino  el incumplimiento de normales legales vigentes como la que establece  la obligación de un grado de educación superior  registrado  como habilitado por la SUNEDU el que tampoco existe conforme a la documentación oficial existente.

Y la cereza que adorna la torta es que actualmente la FPV no tiene un Estatuto inscrito en los Registros Públicos porque el ingresado fue observado y esta entidad nunca levantó las observaciones sino que  solicito mediante oficio a los Registros Públicos el retiro del mencionado documento es decir estamos ante una entidad sin personería jurídica  que tiene a la cabeza un nivel de gobierno en el limbo el que sin embargo se sigue tomando decisiones y asumiendo compromisos y representación que no les corresponde por el incumplimiento de lo dispuesto por el Código Civil de nuestro país para el caso.

Queda demostrado entonces que estamos ante una FPV con dos caras, una aquella que pretende  escudarse tras una falsa identidad con medidas efectistas con fines mediáticos y la otra la otra la que está haciendo tabla rasa de una historia que contiene páginas dignas de resaltar escritas por las generaciones del Maestro Akira  Kato y en lo que le corresponde  al profesor Man Bok  Park pero marcando una gran diferencia: al Maestro Kato lo respetaban porque lo querían, al Señor Park tal vez porque le tenían miedo pero  con el que no queremos caer en la  mezquindad de no reconocer sus logros entre  1975 y 1988, ahí terminó su historia.

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